Procastinando voy, procastinando vengo y por el camino me entretengo.

 

Nos vemos inmersas, una vez más (again), en un verbo de la primera conjugación que tantas satisfacciones nos produce; PROCASTINAR.
El arte de dejar una cosa pa hacer otra, pa no hacer ná o, si eso, pa ir pensando si luego lo hacemos o nos seguimos tocando el parrús.
Llegadas estas fechas de iniciar en general y abandonar en particular cualquier cosilla que se tercie…este vocablo nos viene como birra al gaznate.
El gran icono, el único, el inigualable, el procastinador nivel dios de todos los tiempos, es él.

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Mona Lisa Gherardini, ¡qué control de esfínteres!

El porrón de años que tuvo posando a esta pobre mujer,  que le pasaba lo que todas nosotras, que  vez de ir a dar unas pinceladas, te lias a preparar una crujiente de folín culé a las finas hierbas, buscar pelusillas en el ombligo o inventar la bicicleta.
Es lo que tenía el cinquecento.

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Leonardo con Vitruvio, proporcionado a la par que perruno.

Procastinar es muy bonito, se puede hacer sin parar de crear, ahí tenemos a Leo.    Moderadamente…procastino pero solo la puntita.    O postergar y retrasar para nunca empezar, hasta el infinito y más allá.

«Por la calle del después se llega a la plaza del nunca»

  Luis Coloma, escritor, periodista y jesuita español.

Solanun tuberosum… por la gloria de mi madre

La patata, el tubérculo por antonomasia.
Planta solanácea y no por eso menos glamurosa, porque donde hay un buen rizoma, no manda marinero.

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Prudencio Kennebec y Esti Monalisa, tonteando en Santa Cruz de Campezo.

Tía ecléctica, camaleónica y versátil, igual acaba con una hambruna, que te almidona el ajuar. Por no hablar de cuando le da por fermentar.

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Foto archivo de la Destiladora Alavesa.

Ya la música le dedicó la obra maestra «el corro de las patatas», y consagró al insigne grupo «The Mamas & the Papas», claramente en alusión al tubérculo que nos ocupa.

Pero donde realmente ha triunfado, ha sido en las cocinas del mundo, dejándonos verdaderas joyas como calderetas, papas arrugás, cachelos, patatas a la riojana, etc…
Y la gran diva, la inimitable, ella… el cuerpo…con o sin cebolla, la más grande… la Tortilla de Patata.
Como buenas mitómanas que somos, hemos cogido un charter y nos hemos plantao en Las Vegas, para intercambiar inquietudes con nuestro ídolo.

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Selfie con Mr Potato. Qué solanácea tan versátil.

«El corazón me palpita como una patata frita»

Anónimo.

Pero, ¿qué hay abierto a esas horas?

En nuestro ansia de conocimiento, después de una ardua labor de investigación, hemos dado al fin con la artífice de esas grandes frases que acompañaron nuestra pubertad.
 Roberta Povedilla Mac Murray, licenciada  honoris causa en Ingeniería cognitiva  por la Universidad Pontifícia de Calahorra (muy cool).
Aprovechando su gira europea ha recalado unos días en su Rioja natal, visitando amigos y familia…como tira el terruño. Hemos asistido a una clase magistral sobre algunas de sus obras maestras.
«¿Pero, ¿qué hay abierto a esas horas?», fue la frase elegida para dar comienzo a su intervención.

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Instantánea de la calagurritana en plena faena.

La doctora Povedilla se fue na menos que a Silicon Valley a terminar su tesina y allí consagró su vida a la investigación de las frases necesarias para poder ejercer un control psicológico sobre los familiares más cercanos…
«Ponte muda limpia, no vaya a ser que tengas un accidente».
«No me no me… que te que te…» (un grit hit).
 «Ni concierto., ni concierta!». El arte para cambiar el género, en plan poético…Aplicable a cualquier objeto o deseo que se tenga.
 Y  la célebre, y siempre de actualidad «Si tus amigos se tiran por un balcón, ¿tú vas detrás?»

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Selfie de Roberta con Jenifer en Magaluf, realizando trabajo de campo. Investigando in situ.

» La permanente agarra mejor si te tomas una copita de moscatel»