Antonio, un amigo.

 Si Vivaldi, siendo Antonio como era, ya se interesó por el tema, y no de soslayo sino que se curró 4 conciertos para violín y orquesta con sus allegros, sus adagios, sus prestos y sus pizzicatos, es que es un tema de mortal necesidad.
Y estando, como estamos, tan locas del coño, solo podemos gritar,
¡que viva el el otoño!
gora!, ¡hurra!, ¡yuppi!!!

_MG_8426Paseando con Lu Mei por Amoroto.

Esa estación de tonos cálidos, hoja caduca, y llover, y llover… y llover…
Porque a nosotras la erótica del chubasquero nos lleva directas al más hondo suspiro, ese tacto impermeable a la par que ignífugo y antitranspirante nos humedece hasta el garganchón.
Y qué decir del paraguas, ese complemento tan sensual como práctico, que lo mismo te vale pa arrimar un par de ostias que para guarecerte bajo sus curvas. Esa maravilla, que como tantas otras fue inventada por una camarada, desde China.

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Lu Mei echando el resto.

La pequeña Lu Mei se picó con su hermano, para ver quién construía un objeto para protegerse de la lluvia. Y la moceta, con un bastón, 32 barillas de bambú y un cachico de tela, fabricó el primer paraguas, allá por el siglo XI a.c..
Es que Oriente, en estos últimos tiempos, nos tiene cautivadas.
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Y ya… para alterar todos nuestros biorritmos, nos cambian la hora y nunca sabemos si a las dos son las tres… a las tres son las dos…. o nos han dao ya las siete pa ir al after!!!

 “Calenturas otoñales, arreglan todos tus males”

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