Grafemas, fonemas y enemas.

 

En este soleado día de febrero, no podemos obviar el tema espinoso, y no por ello menos interesante, de la consonantes.
La erre, decimonovena letra del alfabeto español, ¡qué fuerza tiene la jodía!, no hay un fonema más vibrante (pulsa en lo rojo, ¡recoño!)
Es una P transformer, que asoma la patita o el pollón, según se mire, alcanzando su máxima expresión con vocablos como parrús, porrusalda, porro… donde ambas letras se funden en una orgía alfabética.
El grafema imprescindible en cualquier infinitivo per secula seculorum. Amen.

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Comprobando el vibrato, en la controvertida Cámara interestelar de Tardajos de la Sierra.

 

En los meses con R, cuan caprichosa es la epidermis, que cuando el astro rey brilla, en to lo alto, se resiente hasta las trancas y más allá.
Verbigracia, » el sol de marzo pega como un mazo», «no pongas la cabeza al sol, que adobas el catarro».
Sin embargo pal tema del marisco, son unos meses esplendidos, ya que en el resto, están dados al folleteo y crianza de sus retoñitos.
Verbigracia again, «quien quiera peces que se moje el culo»

 

«Cuando el cura se va a peces, donde irán los feligreses»

Rodolfo Langostino.

 

Post data.- Próxima charla sobre la R en la R.A.E (institución con quien no nos hablamos) en la casa de cultura y espectáculos «Ricky Martin», Villanueva del Pardillo (Madrid).

 

Elucubrar y lubricar. La duda ofende.

Hoy nos invade uno  de los grandes enigmas de la humanidad.
¿Lubricas cuando elucubras?
¿elucubras en exceso?
¿te quedas corta lubricando?
¿cómo me la elucubraría yo?
Devanándonos la sesera con tanta incógnita, hemos decidido pasar a la acción.

IMG_9501Foto archivo. Dándole al tema en plan empírico.

Tras el trabajo de campo, somos incapaces de discernir.
¡Lubricar y elucubrar, todo es empezar!

 

 Post data: ¿sabes lo que pasa cuando dices que lubricas? Uh, ah, ah, uh, ah. ( léase con música de fondo Arriquitaun)

Procastinando voy, procastinando vengo y por el camino me entretengo.

 

Nos vemos inmersas, una vez más (again), en un verbo de la primera conjugación que tantas satisfacciones nos produce; PROCASTINAR.
El arte de dejar una cosa pa hacer otra, pa no hacer ná o, si eso, pa ir pensando si luego lo hacemos o nos seguimos tocando el parrús.
Llegadas estas fechas de iniciar en general y abandonar en particular cualquier cosilla que se tercie…este vocablo nos viene como birra al gaznate.
El gran icono, el único, el inigualable, el procastinador nivel dios de todos los tiempos, es él.

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Mona Lisa Gherardini, ¡qué control de esfínteres!

El porrón de años que tuvo posando a esta pobre mujer,  que le pasaba lo que todas nosotras, que  vez de ir a dar unas pinceladas, te lias a preparar una crujiente de folín culé a las finas hierbas, buscar pelusillas en el ombligo o inventar la bicicleta.
Es lo que tenía el cinquecento.

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Leonardo con Vitruvio, proporcionado a la par que perruno.

Procastinar es muy bonito, se puede hacer sin parar de crear, ahí tenemos a Leo.    Moderadamente…procastino pero solo la puntita.    O postergar y retrasar para nunca empezar, hasta el infinito y más allá.

«Por la calle del después se llega a la plaza del nunca»

  Luis Coloma, escritor, periodista y jesuita español.