Presuntos placeres 2. Arthur y la guindilla rusa

Los martes son días en los que los pequeños placeres cobran una importancia inusitada, hemos superado el lunes y nuestro cuerpo pide a gritos deleitarse con fruición.
Tardes en las que te llena de gozo el típico paseo otoñal con tu mascota, que no es de mucho caminar por padecer pie de atleta,  por las avenidas de Northampton , siendo admirada por tus vecinos.

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Instantánea de la vueltica, acompañada de Arthur pig (diagnóstico cruel )

Eco,  quando arrivo a casa… qué alborozo, qué algazara, meter los pinreles en un barreño de agua helada, mientras Arthur guarrea a tu vera…

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Estampa hogareña donde las haya. Es devoción lo que tiene el uno por la otra y ella por Arthur.

¿Y qué me decís de ignorar el despertador asesino?, gozando como cerda en una charca los 5 minutos de rigor para nada contingentes y tan satisfactorios.

*** ( véase reflejado este momento en la estampa hogareña superior)

¡Que tire la primera piedra quien tenga los arrestos de saltar del catre encuanti suena el artefacto maligno!
Ya, al anochecer, te juntas en el txoko con las colegas, y qué mejor que una buena partida a la guindilla rusa, para acabar la jornada. (Arthur no participa porque no le parece nada cool).
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“El placer da lo que la sabiduría promete”

Voltaire

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